El mercado laboral argentino volvió a exhibir una señal que no debería pasar inadvertida. La desocupación alcanzó, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censo, el 7,9% en el segundo trimestre de 2026 y afecta a alrededor de 1,8 millones de personas. Pero detrás de esa cifra existe un problema más profundo: aun para quienes consiguen trabajo, cada vez resulta más difícil acceder a un empleo formal y sostenerlo en el tiempo.
Una imagen reciente ayuda a ponerle rostro a las estadísticas: más de 1.000 personas hicieron fila frente a una parrilla en Buenos Aires para dejar su currículum en busca de una oportunidad laboral. Es una postal de un mercado en el que conseguir un puesto se convirtió, para miles de personas, en una carrera contra la escasez de oportunidades.
El problema es la combinación de desempleo, pérdida de puestos registrados e informalidad. El 45% de los trabajadores se encuentra en condiciones informales y creció la participación de quienes trabajan por cuenta propia. De cada 100 asalariados privados registrados durante el primer trimestre de 2025, apenas 76 continuaban en esa condición un año después. Es el nivel de permanencia más bajo de la última década.
La situación se vuelve reveladora cuando se observa qué ocurre con quienes pierden un empleo registrado. Ocho de cada diez desocupados que lograron reinsertarse laboralmente durante 2026 lo hicieron en la informalidad. Volver a trabajar dejó de ser necesariamente sinónimo de recuperar las condiciones laborales anteriores.
Mientras tanto, el empleo asalariado privado registrado perdió peso. Según un informe de Politikon Chaco elaborado a partir de registros de la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, desde noviembre de 2023 se perdieron más de 246.000 puestos y, en junio, el universo de trabajadores formales alcanzó su nivel más bajo de los últimos 50 meses. Industria y construcción concentran buena parte del retroceso.
El desafío también compromete al Estado, las empresas y los trabajadores argentinos. El desafío excede una discusión coyuntural sobre las cifras de desempleo. Argentina necesita generar empleo productivo, estable y registrado, y crear condiciones para que las empresas puedan incorporar trabajadores formalmente y sostener esas relaciones laborales. No alcanza con que aumente la cantidad de personas ocupadas si una proporción creciente lo hace sin aportes previsionales, obra social, convenio colectivo ni otros derechos del trabajo registrado.
La salida requiere una agenda que combine crecimiento, inversión y productividad con incentivos para formalizar trabajadores. También será necesario revisar los costos y obstáculos que enfrentan las pequeñas y medianas empresas, facilitar la contratación registrada, promover capacitación y reducir barreras a la economía formal.
Pero ninguna reforma laboral puede crear puestos de trabajo si no existe una economía capaz de demandarlos. El empleo sostenible requiere empresas que inviertan, sectores productivos que crezcan y reglas que permitan planificar. También exige educación y formación para acceder a nuevas oportunidades laborales, especialmente entre los jóvenes.
Los números obligan a mirar más allá de la tasa de desempleo. También hay que mirar esas filas de personas que esperan una oportunidad. El desafío es construir un mercado laboral en el que trabajar permita progresar. Argentina necesita recuperar empleo formal y la capacidad de generarlo y sostenerlo.